INMUNDO MUNDO
En el lienzo azul y verde que nos fue legado, la mano del hombre ha trazado cicatrices de asfalto y humo. El aliento de la Tierra se ahoga en plásticos y venenos, y el canto de los ríos se silencia bajo el peso de nuestra indiferencia. Donde antes danzaban los bosques, ahora se alzan esqueletos de hormigón, mudos testigos de una ambición desmedida. Hemos sembrado el progreso con la semilla de la ruina, y el eco de nuestra voracidad resuena en cada especie que se desvanece, en cada glaciar que llora su despedida. Este mundo, otrora prístino, se convierte en el reflejo inmundo de nuestra propia ceguera, un grito silencioso que clama por un despertar antes de que el último suspiro se pierda en el viento de nuestra propia creación.

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