EL SILENCIO COMPARTIDO
Estas imágenes no buscan el acontecimiento espectacular, sino el instante mínimo. En ellas, el tiempo parece detenerse para permitir que lo cotidiano respire. Un perro dormido, una mesa gastada, unas manos ausentes, una presencia humana sugerida más que mostrada. Todo ocurre en ese espacio frágil donde la vida transcurre. El blanco y negro no es aquí una elección nostálgica, sino un lenguaje. Elimina lo accesorio y nos conduce a la estructura esencial de la escena: la luz que cae, la textura, el pelaje blanco que se convierte en refugio visual. La ausencia de color intensifica la atención y transforma lo ordinario en un gesto casi ceremonial.
Inspiradas en la fotografía humanista del siglo XX, estas creaciones dialogan con la idea del instante decisivo, como quietud. El artista observa. No dirige: espera. La obra se convierte en un testigo silencioso de una intimidad compartida entre humanos y animales, entre objetos y memoria. El perro —presente en todas las imágenes— actúa como ancla emocional. Su descanso no es solo físico, es simbólico: representa la confianza absoluta, la pertenencia, el hogar. Se revela una verdad en un mismo espacio afectivo.
Esta serie propone una pausa. Invita al espectador a mirar sin prisa, a reconocer la belleza en lo aparentemente insignificante, a recordar que la fotografía puede ser un acto de atención profunda. Aquí no hay urgencia. Solo la vida, sucediendo en un tiempo pasado.
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